Hay historias que no se leen con la mente, sino con la memoria del alma.
Dicen los mitos antiguos —los que sobreviven al tiempo porque guardan verdad simbólica— que cuando Lemuria comenzó a desaparecer, algunos de sus habitantes no se extinguieron.
Descendieron.
Se refugiaron en el interior de la Tierra.
Y desde allí fundaron ciudades intraterrenas a lo largo del continente americano: lugares sagrados, invisibles para los ojos distraídos, pero profundamente activos en los ciclos de la conciencia humana.
A estos seres se les conoce como Los Intraterrenos.
Guardianes silenciosos de una sabiduría que no pertenece a una época, sino a todas.
El mito cuenta que ellos resguardan los Discos Solares: estructuras alquímicas vivas, bibliotecas de información energética, diseñadas no para ser comprendidas con palabras, sino activadas cuando la humanidad está preparada.
No es casualidad que esta historia vuelva a resonar ahora.
2026 no se siente como un año más. Se siente como un umbral.
Un punto de no retorno donde muchas verdades internas ya no pueden seguir dormidas.
A nivel colectivo lo percibimos: cambios acelerados, estructuras que se caen, certezas que ya no sostienen.
Pero también —y esto es lo importante— una oportunidad inédita:
La de materializar aquello que otros años solo fue intuición.
La de encarnar lo que antes parecía demasiado grande.
La de tomar el mando de nuestra propia manifestación.
En las leyendas, los Discos Solares no se entregan a quien los persigue.
Se revelan a quien ha hecho el trabajo interno suficiente para sostener su frecuencia.
Y eso, traducido a nuestra vida cotidiana, significa algo muy concreto:
Ya no basta con soñar.
Ya no basta con entender.
Ya no basta con saber.
Este nuevo ciclo nos pide acción alineada:
Coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Responsabilidad energética sobre lo que creamos. Presencia.
El verdadero despertar no es místico. Es práctico.
Despertar no es huir del mundo.
Es habitarlo con conciencia.
Es decidir qué historias te cuentas.
Qué miedos sigues alimentando.
Qué sueños postergas “para cuando sea el momento”.
Y aquí viene el recordatorio más importante para este inicio de año: el momento no llega. Se elige.
Gracias, 2026
Gracias por llegar con esta energía de cambio tan esperada.
Por empujarnos a salir del modo espera.
Por recordarnos que no vinimos solo a sobrevivir… sino a crear.
Tal vez los Intraterrenos sigan ahí, custodiando sus ciudades invisibles.
Tal vez los Discos Solares sigan vibrando bajo nuestros pies.
Pero el verdadero disco que se activa este año es otro:
El de tu conciencia cuando decides asumir tu poder creador.
Que este 2026 sea el año en que dejes de pedir permiso.
El año en que recuerdes quién eres.
El año en que tus sueños dejen de ser promesas internas… y se conviertan en materia.
Nos leemos en este nuevo ciclo.
Te abrazo infinito,
Audrey